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Un Ciego Con Luz...



Un Ciego Con Luz...



Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.

La ciudad era muy oscura en las noches sin luna, como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo.

El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guido, el ciego del pueblo.

Entonces, le dice: - ¡Guido, si tú no ves! ¿Qué haces con una lámpara en la mano?

Entonces, el ciego le responde: Yo no llevo la lámpara para ver mi camino.

Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria.

Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí.


Reflexión

No sólo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno mismo, y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil.

Aunque muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás, a través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, y el resentimiento.

¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás! Sin fijarnos si lo necesitan o no.

Llevar luz y no oscuridad. Si toda la gente encendiera una luz, el mundo entero estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad...

Todos pasamos por situaciones difíciles a veces, todos sentimos el peso del dolor en determinados momentos de nuestras vidas. Todos sufrimos en algunos momentos, lloramos en otros.

Pero no debemos proyectar nuestro dolor cuando alguien desesperado busca ayuda en nosotros. No debemos exclamar como es costumbre: 'La vida es así', llenos de rencor, llenos de cinismo, apatía, y odio. ¡No debemos!.

Al contrario, ayudemos a los demás sembrando esperanza en ese corazón herido. Nuestro dolor es, y fue importante; pero se minimiza si ayudamos a otros a soportarlo, si ayudamos a otro a sobrellevarlo.

Demos luz. Tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer. Está en nosotros saber usarla. Está en nosotros ser Luz y no permitir que los demás vivan en la oscuridad.


Anónimo


Colaboraciòn del Q.'.H.' Yorkino de Mexico
Del Or.'. de Guadalajara Jalisco , Mexico





Diálogo Entre Simón Y Felipe, Año de 1740 E.'.V.'.



Diálogo Entre Simón Y Felipe, Año de 1740 E.'.V.'.


Curioso documento que relataría una conversación 
de reconocimiento entre masones.

Diálogo entre Simón, masón de ciudad, y Felipe, un masón que está de paso.


Simón: Señor, acabo de recibir una carta que contiene este trozo de papel. Os
ruego que me digáis qué es lo que queréis.
Felipe: Estoy de paso, busco una cierta asociación y, habiendo oído decir que sois
un hermano masón, me he permitido contactar con vos.

Simón: ¿Sois masón?
Felipe: Sí (como tal soy tenido por todos los compañeros y hermanos).

Simón: ¿Y cómo sabré que sois masón?
Felipe: La palabra es justa.

Simón: Si es justa, dádmela justa.
Felipe: La deletrearé con vos, si os place.

Simón: Dadme la primera letra y yo os daré la segunda.
Felipe: ...
Simón: ...
Felipe: ...
Simón: ...

Felipe: La palabra es ..., pero dado que no os conozco, y que vos tampoco me
conocéis, y que, por razones de prudencia, no debemos responder a más de tres
preguntas, pues podrían sernos planteadas por un impostor, os pregunto: ¿cuáles
son vuestros signos?
Simón: Nuestros signos son todos escuadras, ángulos y perpendiculares.

Felipe: ¿Y cuáles son vuestros toques?
Simón: Todos son agarres fraternales hechos con la mano y gracias a los cuales los
hermanos se reconocen entre sí.

Felipe: ¿Cuáles son los puntos de vuestra recepción?
Simón: Oír y callar los secretos de un masón.

Felipe: ¿Cómo habéis sido recibido masón?
Simón: Por tres golpes dados a la puerta, el último después de un tiempo doble al
primer intervalo, y con más fuerza.

Felipe: ¿Cuál es la primera pregunta que el maestro os hizo cuando fuisteis
recibido?
Simón: Me preguntó si era por mi propia y libre voluntad que yo venía allí para ser
hecho masón. Respondí que sí.

Felipe: ¿Qué habéis visto antes de ser hecho masón?
Simón: Nada que pueda comprender.

Felipe: ¿Qué habéis visto después?
Simón: Tres grandes luces.

Felipe: ¿Cómo las llamáis?
Simón: El sol, la luna y el maestro.

Felipe: ¿Dónde estaba vuestro maestro?
Simón: Al este.

Felipe: ¿Por qué al este?
Simón: Para esperar el amanecer, a fin de enviar a los hombres al trabajo.

Felipe: ¿Dónde estaban los vigilantes?
Simón: Al oeste.

Felipe: ¿Por qué al oeste?
Simón: Para esperar que el sol se oculte, a fin de que los hombres abandonen el
trabajo.

Felipe: ¿Dónde estaban los compañeros de oficio?
Simón: Al sur.

Felipe: ¿Por qué al sur?
Simón: Para recibir e instruir a todos los nuevos hermanos.

Felipe: ¿Dónde estaban los aprendices recibidos?
Simón: Al norte, para oír y callar, y esperar al maestro.

Felipe: Decís que visteis tres grandes luces; ¿no habéis visto otra luz?
Simón: Sí, una, que superaba en mucho al sol y a la luna.

Felipe: ¿Qué era?
Simón: La luz del evangelio.

Felipe: ¿Por qué habéis sido hecho masón?
Simón: Por el amor de la letra G.

Felipe: ¿Qué significa?
Simón: Geometría.

Felipe: ¿Por qué Geometría?
Simón: Porque ella es la raíz y el fundamento de todas las artes y ciencias.

Felipe: Decidme, os lo ruego, cuánto dinero teníais en vuestra bolsa cuando habéis
sido hecho masón.
Simón: Absolutamente ninguno.

Felipe: ¿Y cómo habéis sido hecho masón?
Simón: Ni desnudo ni vestido, ni de pie ni acostado, ni de rodillas ni alzado, ni
descalzo ni calzado, sino en un estado correcto.

Felipe: Y ese estado, ¿cuál era?
Simón: Tenía una rodilla descubierta en tierra, con los brazos de un compás en
forma de escuadra sobre mi pecho. Es entonces, y en esta postura, que presté el
solemne y sagrado juramento de masón.

Felipe: Repetid vuestro juramento.
Simón: Prometo solemnemente, y declaro ante Dios y ante esta respetable
asamblea, que callaré y no revelaré jamás lo que he oído, a saber, los secretos o el
secreto de los masones o de la masonería que me han sido, me son aquí o me
serán desvelados, sea a un hombre, a una mujer o a un niño; no los imprimiré, ni
los picaré, ni los grabaré, sea sobre un soporte móvil o inmóvil, o de cualquier otra
manera que pudiera permitir descubrir los secretos de un masón o de la masonería.
Ello bajo pena de que se me arranque el corazón del pecho, de que se me arranque
la lengua del paladar, se me corte la garganta, se haga trizas mi cuerpo con
caballos salvajes, y sea enterrado en las arenas de la playa, allí donde la marea
sube cada 24 horas; o también bajo pena de que se ate mi cuerpo, se reduzca a
cenizas y sean dispersadas a los cuatro vientos, de manera que no subsista el
menor recuerdo de mí. Que Dios venga en mi ayuda.
Luego el primer vigilante me puso un mandil blanco diciéndome estas palabras: Yo
os pongo la marca distintiva de los masones, que es más antigua y más honorable
que la Orden de los Caballeros de la Jarretera.

Felipe: Estoy contento de constatar que sois masón, después de lo que me habéis
repetido de vuestro juramento. Si queréis, podéis preguntarme lo que penséis
oportuno.

Simón: Quisiera preguntaros dónde está vuestra logia.
Felipe: En el valle de Josaphat, fuera del alcance del chismorreo de las gallinas, del
canto del gallo y del ladrido de un perro.

Simón: ¿Cuál es la altura de vuestra logia?
Felipe: Es tan alta como el cielo, y tan profunda como la tierra.

Simón: ¿Cuántos pilares hay en vuestra logia?
Felipe: Tres.

Simón: ¿Cómo los llamáis?
Felipe: Belleza, Fuerza y Sabiduría.

Simón: ¿Qué representan?
Felipe: La belleza adorna, la fuerza sostiene, y la sabiduría inventa.

Simón: ¿De qué logia sois?
Felipe: De la muy respetable logia de san Juan.

Simón: ¿Cuántos signos posee un masón?
Felipe: Cinco.

Simón: ¿Cómo los llamáis?
Felipe: El signo pedestre, el signo manual, el signo pectoral, el signo gutural y el
signo oral.




La Plancha del Conejo

La Plancha del Conejo

(Con Moraleja)


En un lindisimo día y soleado, el conejo salió de su cueva con su notebook y se puso a trabajar, bien concentrado. Poco después, pasó por allí un zorro, y vio a aquel suculento conejito tan distraído, que se le hizo agua la boca.

Quedó tan intrigado con la actividad del conejo que, curioso, se aproximó:
Zorro: Conejito, qué estás haciendo ahí tan concentrado?
Conejito: Estoy redactando una plancha para presentar en logia dijo el conejo, sin sacar los ojos de su trabajo.

Z : Hummmm...y cuál es el tema de tu plancha?
C : Ah, es una teoría que prueba que los conejos son los verdaderos predadores naturales de los zorros.

El zorro quedó indignado:
Z: Qué!! Eso es ridículo!!! Nosotros somos los verdaderos predadores de los conejos!!!
C : Absolutamente no!! Ven conmigo a mi cueva y te mostraré mi prueba experimental
El conejo y el zorro entran a la cueva. Pocos instantes después se oyen algunos ruidos indescifrables, algunos pocos gruñidos y después silencio.

En seguida sale el conejito solo y retoma su trabajo como si nada hubiera ocurrido.

Media hora después pasa un lobo. Al ver al apetitoso conejito tan distraído agradece mentalmente a la cadena alimentaria por haber garantizado su almuerzo.
Sin embargo, el lobo también está intrigado ante un conejo que trabaja con tanta concentración, y resuelve averiguar de que se trata antes de devorárselo:

L : Hola, joven conejito!! ¿Qué haces trabajando tan duramente?
C : Una plancha para presentar en mi logia, señor lobo. Es una teoría que vengo desarrollando desde hace algún tiempo y que prueba que nosotros, los conejos, somos los grandes predadores naturales de varios animales carnívoros, inclusive de los lobos.
El lobo no puede contener la risa, y estalla en carcajadas ante la petulancia del conejo.

L : Ja, ja. ja ja!!!! Conejito!! Esto es un despropósito. Somos nosotros los lobos, los genuinos predadores naturales de los conejos. y ahora ...terminemos con esta charla absurda!
C : Discúlpeme, pero si Ud. quiere yo puedo presentarle mi prueba experimental. ¿Gustaría de acompañarme hasta mi cueva?.

El lobo no puede creer en su tan buena suerte. Ambos desaparecen dentro de la cueva. Algunos instantes después se oyen aullidos desesperados, ruidos de masticación y ...silencio. Una vez más el conejo sale solo, impasible, y retorna al trabajo de redacción de su plancha como si nada hubiera pasado.

Dentro de la cueva del conejo se observa una enorme pila de huesos ensangrentados mezclados con pelos de diversos ex-zorros, y a su lado otra pila todavía mayor de huesos y restos mortales de aquellos que algún día fueran lobos.

En el centro de las dos pilas de huesos..., un enorme LEÓN, satisfecho, bien alimentado, mondando sus dientes.

Y la plancha del conejo termina asi

MORALEJA:

1- NO IMPORTA CUÁN ABSURDO SEA EL TEMA DE TU PLANCHA,
2- NO IMPORTA SI TU NO TIENES EL MÍNIMO FUNDAMENTO;
3- NO IMPORTA SI JAMÁS LLEGAS A PROBAR TU TEORÍA;
4- NO IMPORTA SIQUIERA SI TUS IDEAS CONTRADICEN LOS MAS OBVIOS CONCEPTOS DE LA LÓGICA
5- NO IMPORTA SI ERES HONESTO, SI TE ROMPES EL ALMA POR TUS PRINCIPIOS, POR TU TRABAJO
6- NO IMPORTA CUANTO TE PREPARES Y ESTUDIES
LO QUE VERDADERAMENTE IMPORTA ES "QUIEN ES TU PADRINO"



LOS TRES LEONES

LOS TRES LEONES


En la selva vivían 3 leones.
Un día el mono, representante electo por los animales, convocó a una reunión para pedirles tomar una decisión:

Todos nosotros sabemos que el león es el rey de los animales, pero hay una gran duda en la selva: existen 3 leones y los 3 son muy fuertes.

¿A cuál de ellos debemos rendir obediencia?
¿Cuál de ellos deberá ser  nuestro Rey?

Los leones supieron de la reunión y comentaron entre si:

Es verdad, la preocupación de los animales tiene mucho sentido.
Una selva no puede tener 3 reyes.
Luchar entre nosotros no porque somos muy amigos...
Necesitamos saber cual será el elegido, pero, ¿Cómo podemos saber?

Otra vez los animales se reunieron y después de mucho deliberar, llegaron a una decisión y se la comunicaron a los 3 leones:
Encontramos una solución muy simple para el problema, y decidimos que Uds. 3 van a escalar la Montaña Difícil.

El que llegue primero a la cima será consagrado nuestro Rey.

La Montaña difícil era la mas alta de toda la selva. El desafío fue aceptado y todos los animales se reunieron para asistir la gran escalada.

El primer león intentó escalar y no pudo llegar.
El segundo empezó con todas ganas, pero, también fue derrotado.
El tercer león tampoco lo pudo conseguir y bajó derrotado.

Los animales estaban impacientes y curiosos; si los 3 fueron derrotados, ¿Cómo elegirían un rey?
En este momento, un águila, grande en edad y en sabiduría, pidió la palabra: ¡Yo sé quien debe ser el rey!

Todos los animales hicieron silencio y la miraron con gran sorpresa.

¿Cómo? Preguntaron todos.
Es simple... dijo el águila. Yo estaba volando muy cerca de ellos y cuando volvían derrotados de su escalada por la Montaña Difícil escuché lo que cada uno dijo a la Montaña.

El primer león dijo: - ¡Montaña, me has vencido!
El segundo león dijo: - ¡Montaña, me has vencido!
El tercer león dijo: - ¡Montaña, me has vencido, por ahora!
Pero ya llegaste a tu tamaño final y yo todavía estoy creciendo.

La diferencia, completó el águila, es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió la derrota en aquel momento, pero no desistió y quien piensa así, su persona es mas grande que su problema, él es el rey de si mismo, está preparado para ser rey de los demás.

Los animales aplaudieron entusiasmadamente al tercer león que fue coronado El Rey de los animales.

Moraleja: No tiene mucha importancia el tamaño de las dificultades o problemas que tengas. 
Tus problemas, por lo menos en la mayor parte de las veces, ya llegaron al nivel máximo, pero tú no.

Tú todavía estás creciendo y eres más grande que todos tus problemas juntos.
Todavía no has llegado al límite de tu potencial y de tu excelencia.
La Montaña de las Dificultades tiene un tamaño fijo, limitado.

¡TU TODAVIA ESTAS CRECIENDO!
Y acuérdate del dicho:
"NO DIGAS A DIOS QUE TIENES UN GRAN PROBLEMA, PERO DILE AL PROBLEMA QUE TIENES A UN GRAN DIOS".




Colaboraciòn de la Q.'.H.' Jannette Leyva
Del Or.'. de Mazatlán Sinaloa.






La Parábola del Pato Muerto



La Parábola Del Pato Muerto


El pequeño Daniel visitaba a los abuelos en su granja. Sus padres le habían dado una cauchera para que cazara cuando estuviera en el campo.

Él practicó muchas veces, pero nunca pudo darle a su objetivo. Ya un poco desanimado regresó a la casa para la cena. Mientras caminaba de regreso, vio el pato más querido por su abuela, de manera impulsiva, le tiró una piedra con la resortera, le pegó al pato en la cabeza y lo mató. Él estaba impresionado y consternado, en un momento de pánico escondió el pato muerto entre una pila de madera. En ese momento, vio que su hermana Sara lo estaba observando. Ella lo había visto todo, pero no dijo nada.


Después del almuerzo del siguiente día, la abuela dijo: 
-Sara, vamos a lavar los platos. 

Pero Sara le contestó: 
-Abuela, Daniel me dijo que el quería ayudarte en la cocina. Luego le susurró a su hermano: ¿recuerdas el pato?. Así que Daniel lavó los platos. 
Más tarde ese día, el abuelo les preguntó a los niños si querían ir a pescar, pero la abuela dijo: 
-Lo siento pero necesito que Sara me ayude a hacer las compras
 
Sara sonrió y dijo:
 
-Abuela, hay problema porque Daniel me dijo que quería ayudar con eso.Ella susurró nuevamente: ¿Recuerdas el pato?. Sara se fue a pescar y Daniel se quedó ayudando. 
Después de varios días en los cuales Daniel hizo tanto sus tareas como las de Sara, pero no pudo soportarlo más y finalmente le confesó a su abuela que él había matado el pato. 

La abuela se arrodilló, le dio un abrazo y le dijo: 
-Hijo, yo lo sé. Yo estaba parada en la ventana y vi todo lo que pasó, y porque te amo, te perdono. Sólo me preguntaba cuánto tiempo más permitirías que Sara te hiciera su esclavo.


(Autor Desconocido)



Vienen los Masones



Vienen los Masones




Hijo, ven a ver, vienen los Masones...

Quienes son?

Ellos... los que van caminando de Oriente a Occidente y de Norte a Sur, con los pies bien firmes en el Universo.

Por que tiembla la tierra a cada paso que dan?

Porque cada uno carga sobre sus espaldas el peso de un Templo erigido a la Verdad.

De donde son?

No tienen fronteras, la tierra es su casa y el cielo es su techo, formando una raza sin color y de todos los colores, pero tienen señales que los hacen diferentes de los demás.

Como los reconoces?

Llevan el silencio en la boca y el dedo pronto para señalar lo injusto, lo falso y lo hipócrita. Estar entre ellos es como estar en casa, no necesitas máscaras, basta ser tu mismo.

Cuantos tipos de Masones existen?

Dos, los que son Luz y los que todavía son capullos. De estos últimos hay muchos pero de los primeros pocos; de estos primeros podemos esperar todo, ya que sus rostros son lisos, no tienen arrugas ni permiten dobleces, no temen nada porque para ser Luz tuvieron que morir para la vida profana para finalmente poder vivir.

Vienen del seno de la tierra para ver la Luz y ser Luz, la misma que ilumina el camino de sus Hermanos.

Todo comienza y todo termina en su interior, en su alma, dejando el capullo como mariposas. Mudaron y dejaron la piel vieja por una nueva que está llena de Luz.




Del Árbol de la Montaña



Del Árbol de la Montaña




Friedrich Nietzsche


El ojo de Zaratustra había visto que un joven lo evitaba. Y cuando una tarde caminaba solo por los montes que rodean la ciudad llamada «La Vaca Multicolor»: he aquí que encontró en su camino a aquel joven, sentado junto a un árbol en el que se apoyaba y mirando al valle con mirada cansada. Zaratustra agarró el árbol junto al cual estaba sentado el joven y dijo:
Si yo quisiera sacudir este árbol con mis manos, no podría. Pero el viento, que nosotros no vemos, lo maltrata y lo dobla hacia donde quiere. Manos invisibles son las que peor nos doblan y maltratan.


Entonces el joven se levantó consternado y dijo: «Oigo a Zaratustra, y en él estaba precisamente pensando.» Zaratustra replicó:
«¿Y por eso te has asustado? - Al hombre le ocurre lo mismo que al árbol.
Cuanto más quiere elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más fuertemente tienden sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo, - hacia el mal.»
«¡Sí, hacia el mal!, exclamó el joven. ¿Cómo es posible que tú hayas descubierto mi alma?»
Zaratustra sonrió y dijo: «A ciertas almas no se las descubrirá nunca a no ser que antes se las invente».
«¡Sí, hacia el mall, volvió a exclamar el joven.


Tú has dicho la verdad, Zaratustra. Desde que quiero elevarme hacia la altura ya no tengo confianza en mí mismo, y ya nadie tiene confianza en mí, - ¿cómo ocurrió esto?
Me transformo demasiado rápidamente: mi hoy refuta a mi ayer. A menudo salto los escalones cuando subo, - esto no me lo perdona ningún escalón.
Cuando estoy arriba, siempre me encuentro solo. Nadie habla conmigo, el frío de la soledad me hace estremecer. ¿Qué es lo que quiero yo en la altura?
Mi desprecio y mi anhelo crecen juntos; cuanto más alto subo, tanto más desprecio al que sube. ¿Qué es lo que quiere éste en la altura?
¡Cómo me avergüenzo de mi subir y tropezar! ¡Cómo me burlo de mi violento jadear! ¡Cómo odio al que vuela! ¡Qué cansado estoy en la altura!»
Aquí el joven calló. Y Zaratustra miró detenidamente el árbol junto al que se hallaban y dijo:
«Este árbol se encuentra solitario aquí en la montaña; ha crecido muy por encima del hombre y del animal.
Y si quisiera hablar, no tendría a nadie que lo comprendiese: tan alto ha crecido.


Ahora él aguarda y aguarda, - ¿a qué aguarda, pues? Habita demasiado cerca del asiento de las nubes: ¿acaso aguarda el primer rayo?».

Cuando Zaratustra hubo dicho esto el joven exclamó con ademanes violentos: «Sí, Zaratustra, tú dices verdad. Cuando yo quería ascender a la altura, anhelaba mi caída, ¡y tú eres el rayo que yo aguardaba! Mira, ¿qué soy yo desde que tú nos has aparecido? ¡La envidia de ti es lo que me ha destruido!» - Así dijo el joven, y lloró amargamente.

Mas Zaratustra lo rodeó con su brazo y se lo llevó consigo. Y cuando habían caminado un rato juntos, Zaratustra comenzó a hablar así:
Mi corazón está desgarrado. Aún mejor que tus palabras es tu ojo el que me dice todo el peligro que corres.

Todavía no eres libre, todavía buscas la libertad. Tu búsqueda te ha vuelto insomne y te ha desvelado demasiado. Quieres subir a la altura libre, tu alma tiene sed de estrellas. Pero también tus malos instintos tienen sed de libertad.


Tus perros salvajes quieren libertad; ladran de placer en su cueva cuando tu espíritu se propone abrir todas las prisiones.
Para mí eres todavía un prisionero que se imagina la libertad: ay, el alma de tales prisioneros se torna inteligente, pero también astuta y mala.

El liberado del espíritu tiene que purificarse todavía. Muchos restos de cárcel y de moho quedan aún en él: su ojo tiene que volverse todavía puro.
Sí, yo conozco tu peligro. Mas por mi amor y mi esperanza te conjuro: ¡no arrojes de ti tu amor y tu esperanza!

Todavía te sientes noble, y noble te sienten todavía también los otros, que te detestan y te lanzan miradas malvadas. Sabe que un noble les es a todos un obstáculo en su camino.


También a los buenos un noble les es un obstáculo en su camino: y aunque lo llamen bueno, con ello lo que quieren es apartarlo a un lado.
El noble quiere crear cosas nuevas y una nueva virtud. El bueno quiere las cosas viejas, y que se conserven.
Pero el peligro del noble no es volverse bueno, sino insolente, burlón, destructor.


Ay, yo he conocido nobles que perdieron su más alta esperanza. Y desde entonces calumniaron todas las esperanzas elevadas.
Desde entonces han vivido insolentemente en medio de breves placeres, y apenas se trazaron metas de más de un día.

“El espíritu es también voluptuosidad” - así dijeron. Y entonces se le quebraron las alas a su espíritu: éste se arrastra ahora de un sitio para otro y mancha todo lo que roe.


En otro tiempo pensaron convertirse en héroes: ahora son libertinos. Pesadumbre y horror es para ellos el héroe.
Mas por mi amor y mi esperanza te conjuro: ¡no arrojes al héroe que hay en tu alma! ¡Conserva santa tu más alta esperanza!.


Así habló Zaratustra.





Las Estacas



Las Estacas


Un día el Diablo dijo: “¿Qué es esto? ¡Qué injusto! Haga lo que haga la gente, siempre que ocurre algo malo me echan la culpa a mí. ¿Qué culpa tengo yo? ¡Soy inocente! Mira, te mostraré como me culpan por todo”.

Había un fuerte carnero sujeto a una cuerda, que a su vez, estaba atada a una estaca. El Diablo aflojó la estaca y dijo: “Esto es todo lo que voy a hacer”.

El carnero dio un tirón y arrancó la estaca del suelo. La puerta de la casa de su propietario estaba abierta y, en la entrada, había un hermoso espejo, enorme y antiguo. El carnero vio su reflejo en el espejo, agachó la cabeza y atacó. La luna quedó destrozada.

La dueña de la casa corrió escaleras abajo y vio su hermoso espejo, que había estado en la familia durante años, completamente destrozado.

Enfurecida, les gritó a los sirvientes: “¡Cortadle la cabeza a ese carnero! ¡Matadlo!”.

Así que los sirvientes mataron al animal.

Pero aquel carnero era una bestia especialmente querida de su marido, que le había dado de comer de su mano cuando era pequeño. Así que al llegar a casa halló a su hermoso carnero muerto. “¿Quién le ha matado? ¿Quién ha podido hacer algo tan terrible?”.

Su mujer gritó: “Yo maté a tu carnero. Lo hice porque había destrozado ese espejo tan hermoso que me habían legado mis padres”.

El marido, airado, replicó: “En ese caso, me divorcio de ti”.

Los chismosos del vecindario les dijeron a los hermanos de la mujer que su marido iba a divorciarse de ella por causa del carnero que había matado.

Los hermanos se pusieron furiosos. Reunieron a sus parientes y salieron por el marido, armados con fusiles y espadas.

El marido oyó que venían y llamó a sus propios parientes a defenderle.

Las dos familias comenzaron una disputa en la que se quemaron muchas casas y murieron muchas personas.

El Diablo dijo: “¿Ves? ¿Qué he hecho yo? Tan sólo mover la estaca. ¿Por qué voy a ser responsable de todas las cosas terribles que se hicieron los unos a los otros? Yo tan sólo aflojé un poquito la estaca”.

......Vigila tus estacas.



* Extracto de la obra El amor es el Vino, de Sheij Muzaffer Ozak recopilado por Sheij Ragip Frager. Ediciones Al Sur.



EL MONJE Y EL CARNICERO



EL MONJE Y EL CARNICERO


Una vieja narración egipcia nos habla de un monje muy piadoso que vivía en el desierto. Este asceta ayunaba a menudo, había abrazado la más abnegada pobreza, y pasaba horas en serena contemplación y diálogo con el Señor. Mucha gente de los alrededores lo tenía por santo, y de él se decía que era el hombre que más cerca estaba de Dios.

Cierto día llegó a oídos del monje lo que la gente decía de él y, picado por la curiosidad, le preguntó a Dios:

Dime, Señor, ¿es cierto lo que la gente dice de mí, que soy el hombre más santo y el que está más cerca de Ti?

–¿De veras quieres saberlo? ¿Por qué estás tan interesado? –le preguntó Dios.

No es la vanidad la que me mueve a preguntarte esto –respondió el monje–, sino el deseo de aprender. Si hay alguien más santo que yo, debo convertirme en discípulo suyo para así poder acercarme más a Ti.

En ese caso, hijo mío, encamínate hacia el sur del desierto y, llegado al primer pueblo que aparezca en el camino, pregunta por el carnicero. Él es el más santo.

El monje se sorprendió mucho con la respuesta de Dios, pues en aquella época los carniceros no gozaban precisamente de la mejor reputación, pero finalmente se puso en camino. Tras un par de días de viaje, alcanzó el pueblo y pudo conocer al carnicero. En él no encontró nada de extraordinario. Sus modales, de hecho, le parecieron algo bruscos. Además, observó con preocupación cómo miraba a las mujeres que acudían a su negocio: de una manera que a él no le pareció precisamente muy santa.

Cuando terminó de atender a la gente y se disponía a cerrar el negocio, el carnicero, sorprendido por la presencia del monje, le preguntó qué deseaba. El monje le contó lo que le había llevado a verlo, pero el carnicero no acertaba a comprender:

Mire, Padre, yo no dudo de su palabra, pero me deja perplejo que Dios le haya dicho eso. Yo soy un gran pecador y no merezco tales alabanzas. Me equivoco tantas veces a lo largo del día... Pero, en fin, mi casa es su casa. Venga a cenar conmigo.

Cuando llegaron a la casa del carnicero, el monje fue invitado a esperar. Su anfitrión debía atender primero a un anciano que yacía sobre un viejo lecho. El asceta pudo comprobar entonces con qué cariño, paciencia y dedicación se entregaba el carnicero a aquel viejo enfermo. Y dedujo que Dios lo quería tanto por la manera tan entregada que tenía de cuidar a su padre.

Se nota que quiere mucho usted a su viejo padre –le dijo el monje con admiración.

–¿Mi padre? ¡Oh, no! –respondió el carnicero–. Este hombre no es mi padre. Si está aquí es fruto de una larga historia, que a usted le puedo contar, porque al ser monje sabrá guardar el secreto. Este hombre era, en realidad, el mayor enemigo de mi padre. Le hizo la vida imposible y mi familia y yo tenemos la certeza de que fue el autor de su muerte, si bien nunca pudimos demostrarlo. Hacía muchos años que no aparecía por aquí, pero regresó al pueblo hace unos meses y, aunque mi primer impulso fue vengarme, al verlo tan viejo y enfermo sentí pena por él, lo acogí en mi casa y comencé a cuidarlo. 

Mi padre me había enseñado a perdonar siempre... y creo que tratar con amor a quien fue su verdugo es la mejor forma que tengo de hacerlo presente hoy, para que siga viviendo en mi corazón.